—Vamos… tú puedes —repetía Ronan con voz firme, sosteniendo la mano de Lyra como si fuera lo único que la mantenía anclada a este mundo.
Lyra gritó. Un grito largo, desgarrador, que salió desde lo más profundo de su ser. El dolor era inhumano, como si cada hueso de su pelvis estuviera siendo lentamente arrancado y triturado mientras una presión brutal e implacable aumentaba dentro de ella.
—Due-le mucho… —jadeó entre dientes, con los ojos vidriosos fijos en la doctora.
La mujer mantenía un