—Y nadie lo hará —el eco de sus palabras aún vibraba en el aire cuando la puerta principal del salón se abrió por completo. No fue un gesto dramático ni apresurado, pero la presencia que cruzó el umbral arrastró consigo algo mucho más pesado que el aire frío de la noche.
El silencio fue inmediato y absoluto, Ronan estaba allí.
Un abrigo oscuro cubría su figura imponente, la capucha caída sobre la espalda. Sus manos permanecían dentro de los bolsillos, pero no había nada relajado en su postura