—Si algo sale mal, si siento que esa magia te toca… entraré sin importar quién esté presente.
—Lo sé —respondió ella, dándose la vuelta sin esperar más.
(…)
La casa estaba un poco lejos de la aldea, una pequeña cabaña de madera en un claro rodeado por árboles. El aire allí era distinto, cargado con una electricidad estática que hacía que el vello de la nuca se erizara. Lyra lo sintió antes incluso de llegar a la puerta. La magia estaba allí, viva, palpitando en la madera y en la tierra, una