El salón del consejo estaba cargado de tensión. Los ventanales altos dejaban pasar la luz fría del amanecer, proyectando sombras alargadas sobre las figuras reunidas alrededor de la mesa ovalada. Al centro, el alfa Laurent mantenía el rostro impasible, pero sus ojos eran dos centellas contenidas. A su izquierda, Morvan, el beta de voz grave y mirada dura, se incorporó con un gesto severo.
—La situación ha cruzado un límite —declaró Morvan, su voz resonando en la piedra del recinto—. El rey alfa