Axel y Asher caminaron en silencio por el bosque, no muy lejos de la cabaña que compartían, la tensión palpable entre ellos. Las hojas crujían bajo sus pies y la brisa nocturna agitaba las ramas de los árboles, pero nada de eso lograba distraerlos del peso de su discusión pendiente después de pelear en la frontera.
—Esto no puede seguir así —rompió el silencio Asher, cruzándose de brazos mientras se detenía bajo la luz plateada de la luna—. Luz no nos ha dirigido la palabra desde que peleamos.