El aire en la zona de entrenamiento estaba cargado de tensión y polvo cuando Aleckey llegó, su presencia imponiéndose de inmediato. Su mirada dorada se deslizó por el círculo de lobos que se había formado alrededor de dos figuras en el suelo. Un gruñido profundo retumbó en su pecho al ver a Astrid sujetando a Calia contra la tierra con su brazo presionando su cuello.
—¡Suéltala! —rugió Aleckey, y el peso de su voz hizo que los espectadores se encogieran, Astrid liberó a Calia de inmediato y ret