El sonido del viento azotando el campamento improvisado despertó a Calia. No hizo intento de moverse al sentir el calor del hombre detrás de ella, pero sí giró entre sus brazos para mirar su rostro. Los recuerdos del brutal asesinato golpearon su mente, y la furia la invadió al instante. Se odiaba por ser tan débil, por no poder acabar con él en ese mismo momento.
Su venganza tenía que esperar, y aunque tardara años en tejer su plan de forma precisa para destruir al alfa, lo haría. Calia sabía