Fuera, todo se estaba congelando: los árboles, la fuente e incluso el invernadero de la señora Liora. Sin embargo, dentro, Calia ardía de calor, atrapada bajo el cuerpo de Aleckey, con sus piernas envueltas en su cintura mientras él daba sus últimas embestidas, culminando con un bajo gruñido.
Se mantuvo firme, con los brazos apoyados a cada lado de su cabeza. Ella suspiró pesadamente antes de mirarlo a los ojos, que brillaban en un intenso dorado.
—Mmm… mi luna —gruñó antes de besarla.
—Alfa… —