La mañana siguiente fue tranquila, fresca y húmeda por el rocío que caía sobre los árboles altos del bosque que rodeaba los dominios de la manada Centro-Oeste. El viaje no había sido largo, pero sí suficiente para llenar los pulmones con el aroma de tierra mojada y savia nueva. La manada de Calyx Fenraven estaba asentada en un valle escondido entre montañas, donde los lobos vivían con lo que ellos mismos construían: cabañas de madera gruesa, techos de ramas entrelazadas y chimeneas humeantes qu