147. No me busques.

Mientras Bleid se acercaba al lugar donde el líder de los vampiros se encontraba, sabía que justo detrás de esa puerta estaría Audrey, su amada.

—¡Audrey! —volvió a llamarla una vez giró el pomo de la puerta.

Al abrir la puerta, Bleid se encontró con una escena que lo dejó perplejo. El despacho estaba vacío, sin rastro de Audrey en ningún lugar. La habitación parecía haber sido abandonada apresuradamente, con documentos esparcidos por el suelo y muebles desordenados.

La preocupación y el temor
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