20. LA PROMESA DE KIAN
KAELA:
Me detuve a centímetros de él, lo suficiente para que mi aliento rozara su piel desnuda. El dilema seguía creciendo, entre lo tentador y lo aterrador. Abrirme por completo a esa posibilidad me hacía dudar si valía la pena. Mis pensamientos eran contradictorios; sabía que, cualquiera que fuera mi decisión, pesaría como un juicio eterno.
—¿Sabes lo que estás pidiendo? —pregunté en un susurro. No aparté mi mirada de él, buscando algún indicio de debilidad o mentira, pero solo encontraba