Clara no respondió con palabras, solo un leve “sí” escapó entre sus labios entreabiertos, más cerca de un suspiro que de una respuesta. Gonzalo lo entendió.
Con precisión y cuidado, sacó uno de los pendientes de la cajita. Lo sostuvo unos segundos entre los dedos, como si evaluara el peso de lo que estaba a punto de hacer. Luego, con movimientos suaves, colocó la joya en su pezón endurecido. Clara contuvo el aliento, sorprendida por la mezcla del frío metal y calor humano que se extendía por su