El ambiente en la oficina estaba más tenso de lo habitual. Gonzalo lo sintió en cuanto vio aparecer a su abuelo, Rafael Ferraz, acompañado de su primo, Fernando, el tipo al que menos le apetecía ver antes de un café.
Rafael, con su elegancia imponente, entró con paso firme, ignorando la guerra fría que claramente se instaló en la habitación en cuanto los primos cruzaron mirada.
—Vamos a esperar aquí hasta que empiece la reunión de directorio —anunció el anciano, tomando asiento en el sofá de la