El sonido de sus propios pasos resonaba en el suelo de mármol pulido mientras Gonzalo cruzaba el amplio vestíbulo de la mansión Ferraz . Las paredes altas, decoradas con molduras clásicas y lámparas de araña imponentes, parecían haber encogido un poco desde la última vez que estuvo allí.
Pero no. Era él quien había cambiado.
No había regresado desde hacía años, evitando este lugar cargado de recuerdos. El eco de risas lejanas, de voces que ya no estaban, parecía flotar en cada rincón.
Respiró h