Capítulo 48. De aquí no te mueves
El almuerzo terminó entre tazas vacías y ese silencio de sobremesa que nunca es realmente silencio.
Las conversaciones se fueron apagando poco a poco, como si todos intentaran no tocar el tema que seguía flotando en el aire, denso, invisible, incómodo.
Paolo fue el primero en ponerse de pie, ayudando a la Nonna con el abrigo.
—Bueno, antes de que se haga de noche… —anunció, mirando a su alrededor.
Amélie ya tenía su cartera en la mano, y Francesco asintió enseguida, feliz de tener una excusa pa