Capítulo 109. Es tarde
POV GINEVRA
Nos quedamos allí mucho tiempo.
No sé cuánto. El reloj dejó de importar. A ratos lloraba. A ratos solo respiraba apoyada en ella, escuchando su corazón como cuando era niña. Valentina no me apuró, no miró el teléfono, no intentó ordenar nada. Simplemente estuvo.
Cuando el frío empezó a colarse por las mangas de mi abrigo, ella fue la primera en notarlo.
—Es tarde —dijo en voz baja—. Vas a resfriarte.
Asentí apenas. Me separé con dificultad, como si el cuerpo se resistiera a soltar ese refugio recién recuperado.
Subimos al auto. Valentina condujo despacio, con cuidado. La ciudad ya tenía otro ritmo: menos ruido, menos gente, luces más suaves.
Durante varios minutos no hablamos.
—¿A dónde te llevo? —preguntó al fin, sin mirarme.
La respuesta estaba ahí desde hacía rato, pero decirla me costó.
—A casa de Leandro.
Valentina no reaccionó de inmediato. No frenó, no giró la cabeza. Solo siguió manejando.
—¿Tienes la dirección? —preguntó.
Se la dicté. La repitió en voz baja, como