Los días pasan tan rápido que, cuando Ethan se da cuenta, ha llegado el momento del juicio.
La sala del tribunal está cargada de una tensión densa, casi eléctrica. Ethan se sienta derecho en el banco, con las manos entrelazadas, los nudillos blancos por la presión.
Ha dormido poco. Comido menos. Y sin embargo, se siente más despierto que nunca. Esta es la batalla que nunca quiso pelear, pero que no piensa perder. No por él. Por Ava.
Frente a él, Margaret mantiene la misma expresión serena de s