El olor a desinfectante lo recibe apenas cruza la puerta. Ethan camina por el pasillo del hospital con el corazón en vilo.
Cada visita es un eco de impotencia, cada paso lo acerca a una verdad que no entiende del todo, pero que lo persigue con la fuerza de una deuda moral.
Clara está ahí, inmóvil, suspendida entre dos mundos, y él siente que si no hace algo, si no desentierra lo que la quebró, podría perderla para siempre.
El cuarto está en penumbra. Clara reposa como una figura de porcelana