Ethan no ha dormido bien desde que supo la verdad. Su mente va a mil por hora, como una tormenta encerrada tras sus sienes.
No puede dejar de pensar en las imágenes, en los videos, en las revelaciones que destrozaron la frágil paz que intentaba reconstruir junto a Clara. Pero también hay una determinación firme en su pecho: esto termina ahora.
No permitirá que Samuel y Lara jueguen con sus vidas ni un día más.
A su lado, Clara observa en silencio el horizonte desde la ventana de la habitación