64. ¡Detente! No matamos niños.
Hacía más de una década que Irina no había soñado con lo ocurrido con su familia. Pero algo había sucedió esa noche tras cerrar los ojos. Un terror paralizante la recorrió de pies a cabeza, reviviendo el horror de la masacre que la dejó como única superviviente.
En el sueño, los hombres irrumpieron en su casa como una ola de violencia. Los gritos de sus padres y hermanos resonaban en sus oídos mientras la obligaban a presenciar cómo los acuchillaban uno por uno. La sangre brotaba de sus cuerpos