CAPÍTULO 80
Una tormenta llegó hasta la puerta
La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas en débiles y vacilantes rayos, bañando la habitación con un brillo pálido e implacable. No había dormido. Mis pensamientos me habían mantenido despierta, dando vueltas sin cesar en torno a las mismas preguntas, los mismos miedos. Sentía el cuerpo vacío, el pecho oprimido, la mente reacia a concederme ni un instante de paz. Cada latido resonaba con más fuerza que el anterior, recordándome que