CAPÍTULO 80
Una tormenta llegó hasta la puerta
La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas en débiles y vacilantes rayos, bañando la habitación con un brillo pálido e implacable. No había dormido. Mis pensamientos me habían mantenido despierta, dando vueltas sin cesar en torno a las mismas preguntas, los mismos miedos. Sentía el cuerpo vacío, el pecho oprimido, la mente reacia a concederme ni un instante de paz. Cada latido resonaba con más fuerza que el anterior, recordándome que no podía escapar de lo que se avecinaba.
El golpe en la puerta me sobresaltó; sentí un dolor punzante en la garganta.
«Vivian… soy yo», dijo la voz de Grayson en voz baja.
Me quedé paralizada. Mi mano se cernía sobre las sábanas, mi cuerpo tenso. No lo esperaba. No hoy. Nunca.
«¿Qué haces aquí?», logré articular con voz ronca.
Entró con cautela, sin apartar la mirada de la mía. Se veía… diferente. No era el mismo hombre arrogante y calculador que había conocido antes. Había en él un atisbo de de