CAPÍTULO 81
Cuatro meses de secreto
El vestíbulo del hospital olía a antiséptico y acero frío, un aroma que me puso los nervios de punta nada más entrar. Las luces fluorescentes zumbaban débilmente, con una luz áspera contra las paredes pálidas, y cada sonido parecía amplificado: el arrastrar de los pies, el lejano timbre de un teléfono, el suave murmullo de conversaciones que apenas registraba.
Grayson caminaba a mi lado; su presencia me inquietaba de una forma que no podía explicar del todo.