CAPÍTULO 79
El peso de lo que pudo ser
Estaba sentada sola en la penumbra de nuestra habitación, con las cortinas corridas, pero las farolas de la calle se filtraban por los bordes de las persianas como finas cuchillas. Todo parecía irreal. Mi cuerpo estaba allí, mis manos aferradas al borde de la cama, pero mi mente ya se había perdido en un laberinto de miedo, culpa y preguntas sin respuesta.
El mensaje seguía brillando en mi teléfono, sin leer. Las palabras del médico, las preguntas de Dominic, la posibilidad de una vida dentro de mí... todo chocaba, dando vueltas como una tormenta en mi cabeza. No me movía. No podía. Cada respiración era pesada, cada latido resonaba con fuerza en mi cráneo.
Quería gritar, correr, esconderme... pero no podía. No allí. No en ningún sitio. Era prisionera de mis propios pensamientos, ahogándome en un torrente que ni siquiera vi venir. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo se había convertido mi vida en una sucesión de crisis incontrolables, por mucho que