CAPÍTULO 79
El peso de lo que pudo ser
Estaba sentada sola en la penumbra de nuestra habitación, con las cortinas corridas, pero las farolas de la calle se filtraban por los bordes de las persianas como finas cuchillas. Todo parecía irreal. Mi cuerpo estaba allí, mis manos aferradas al borde de la cama, pero mi mente ya se había perdido en un laberinto de miedo, culpa y preguntas sin respuesta.
El mensaje seguía brillando en mi teléfono, sin leer. Las palabras del médico, las preguntas de Domin