Capítulo 129
Una mentira entre latidos
Grayson abrió la puerta lentamente, como si temiera lo que le aguardaba al otro lado. La casa estaba en silencio, demasiado silenciosa. Normalmente, oía mi voz tarareando de fondo, o el suave sonido de mis cosas ordenando para distraer sus pensamientos inquietos. Pero esta noche, el silencio se extendía por cada rincón de la habitación como una advertencia.
Entró de lleno, y lo primero que me vio fue a mí: acurrucada en el borde de la cama, con los hombros temblorosos, los ojos rojos y húmedos, las manos agarradas a la manta como si estuviera aferrándome a lo último que quedaba de mí.
Su corazón se desplomó al instante.
"Vivian...", suspiró, con la voz un poco quebrada.
Al principio no lo miré. Seguí secándome las lágrimas aunque caían más. Era vergonzoso —llorar así, llorar tanto, llorar sin explicación—, pero sentía que el corazón se me desplomaba en el pecho.
Grayson corrió hacia mí, arrodillándose frente a mí, ahuecándome los brazos con suav