Capítulo 128
Veneno en la noche
Grayson permaneció sentado, con el pulso latiéndole dolorosamente en los oídos, mientras Linda se recostaba en su silla con la misma expresión de suficiencia que lo había perseguido durante días. El bar estaba tenuemente iluminado, lo suficientemente silencioso para susurros, lo suficientemente ruidoso para tragarse secretos. Pero nada, absolutamente nada, podía ahogar la tormenta que lo embargaba.
La observó masticar chicle lenta y deliberadamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo... como si fuera dueña del momento... como si él fuera su dueño.
Lo odiaba.
Pero se odiaba aún más a sí mismo por haber permitido que la situación llegara tan lejos.
—Linda —repitió, en voz baja, tranquila, forzada—. Te dije que dieras tu precio.
Ella sonrió con suficiencia y cruzó las piernas, recorriéndolo con la mirada de una manera que le puso la piel de gallina. —Te oí la primera vez. —Se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en la mesa. “No quiero tu di