CAPÍTULO 125
Un plan de protección
La oficina de Grayson estaba inundada por el tenue resplandor de la pantalla de la computadora; la luz exterior se atenuaba a medida que el día se convertía en noche. Sus dedos se cernían sobre el escritorio, golpeando nerviosamente la superficie pulida. El ritmo constante de la ciudad afuera era apagado, distante; un mundo que parecía imposiblemente lejano de la tormenta que rugía en su interior.
Miró fijamente su teléfono, con el pulgar sobre el botón de marcado. El mensaje del número de Linda aún ardía en su mente como fuego. Ella había cruzado una línea que no podía ignorar, una línea que amenazaba con destruir todo lo que había construido, todo lo que había prometido proteger. El recuerdo del rostro de Vivian —sus ojos confiados, su voz suave, la forma en que sonreía cuando creía en él— le arañaba el pecho y se negaba a aflojar.
Respiró hondo, recomponiéndose, aunque el temblor en sus manos lo delataba. Esto lo superaba. Necesitaba ayuda, orien