CAPÍTULO 125
Un plan de protección
La oficina de Grayson estaba inundada por el tenue resplandor de la pantalla de la computadora; la luz exterior se atenuaba a medida que el día se convertía en noche. Sus dedos se cernían sobre el escritorio, golpeando nerviosamente la superficie pulida. El ritmo constante de la ciudad afuera era apagado, distante; un mundo que parecía imposiblemente lejano de la tormenta que rugía en su interior.
Miró fijamente su teléfono, con el pulgar sobre el botón de mar