CAPÍTULO 126
El diablo disfrazado
Grayson se sentó pesadamente en su silla de oficina, tamborileando con los dedos a un ritmo nervioso sobre el escritorio pulido. Las luces de la oficina proyectaban un frío resplandor sobre la habitación, reflejándose tenuemente en las paredes de cristal y la pantalla del ordenador, que mostraba las tareas pendientes que había abandonado hacía tiempo en sus pensamientos errantes. Afuera, la ciudad seguía su curso —coches tocando la bocina, luces de neón destell