CAPÍTULO 124
Empieza la cuenta regresiva
Grayson apenas pronunció una palabra durante el trayecto a su oficina esa mañana. Incluso después de despedirse de mí con un beso y bajar del coche, noté la tensión que lo agobiaba. Se quedó un momento fuera del edificio, respirando hondo antes de entrar, como preparándose para una batalla que ya sabía que podría perder.
Y no se equivocaba.
Porque en cuanto Grayson se acomodó en su silla y encendió el ordenador, su teléfono vibró con fuerza contra el escritorio. Una vez. Dos veces. Y una tercera vez: persistente, invasivo, inoportuno.
Linda.
Su nombre, que aparecía en la pantalla, le provocó un nudo en el estómago. Cerró los ojos, se frotó la frente e intentó tranquilizarse antes de contestar. Pero no importaba cuánto esperara: el miedo persistía.
Finalmente contestó.
“Linda”, dijo en voz baja y controlada, “¿sabes lo que haces? ¿Llamándome así delante de mi esposa? ¿Entiendes lo peligroso y estúpido que es eso?”
Hubo un instante de silencio,