Capítulo 23
Sombras a nuestras espaldas
Los faros rasgaron la oscuridad, silenciosos como una amenaza: inmóviles, fríos y demasiado quietos. Me quedé detrás de Dominic mientras él miraba con el ceño fruncido el coche negro que esperaba al otro lado de la calle, los dos en el suave murmullo de la noche.
—Dominic —susurré con voz temblorosa—, ¿qué hacemos?
Al principio no respondió. Simplemente extendió la mano hacia la cortina y la cerró de golpe, aislándonos de la mirada de quienquiera que fues