Capítulo 22
El paso final
El aire estaba impregnado del aroma a limpiador de limón, un extraño consuelo en el silencio que había caído tras nuestra maratón de limpieza. La luz del sol, tenue y tenue, se filtraba a través de las cortinas traslúcidas, acariciando los muebles del salón y otorgando al ático una frágil paz que no había experimentado en semanas.
Me quedé cerca de la ventana, con un trapo húmedo aún en la mano, observando las nubes que se desplazaban perezosamente por el cielo. Dominic estaba detrás de mí, doblando una manta y echando la última ropa sucia en la cesta. Por primera vez en mucho tiempo, el caos que nos rodeaba se había transformado en una frágil paz.
No habíamos hablado mucho desde la mañana; solo conversaciones forzadas e intercambios de miradas que transmitían mucho más que las palabras. Pero algo dentro de mí se estaba gestando, algo que ya no podía contener.
Me giré lentamente hacia él. —¿Dominic?
Levantó la vista del sofá. —¿Sí?
Dudé, apretando el trapo co