Rota Y A La Vista

Capítulo 21

Rota y a la vista

No sé cómo llegué a casa.

Después de aquel bochornoso encuentro en la acera —los chillidos de la chica, sus risitas, la multitud de curiosos— mis pies se movían como si no pertenecieran a nadie. Me temblaban las manos, y aún me ardían las mejillas de vergüenza.

Roba-maridos.

Destructora de hogares.

Destructora de familias.

Esas palabras resonaban en mi cabeza como una maldición imborrable.

El portero intentó hablarme, pero no pude responder. Me deslicé por el vestíbulo como un fantasma, subí en silencio en el ascensor y apenas pude girar la llave cuando por fin llegué a la puerta del ático.

Dentro, reinaba el silencio. Un silencio sepulcral.

Dejé caer el bolso y me apoyé contra la pared, con las rodillas apenas sosteniéndome. El mundo exterior ya había decidido quién era yo. Ya no le importaba la verdad.

Lo que le importaba era gritar su versión a todo pulmón.

Unos pasos rompieron el silencio.

Dominic llegó, con el teléfono aún en la mano, como si hubiera
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