Capítulo 119
Entre el alivio y el miedo
La noche era pesada, silenciosa y sofocante. Me dolía el cuerpo de cansancio, pero el sueño se me hacía difícil. Finalmente, cerca de la medianoche, el peso del día me apretaba demasiado y me sumí en un sueño intranquilo. Los sueños, fragmentados y caóticos, se difuminaban en la realidad.
Entonces, un timbre agudo e insistente atravesó la oscuridad. Abrí los ojos de golpe. El sonido era áspero, implacable: alguien me llamaba. Me moví, con el corazón acele