CAPÍTULO 136
EL PLAN B
La oficina estaba demasiado silenciosa para el caos que se cernía sobre mi cabeza.
Me senté tras mi escritorio, con los codos apoyados en la madera pulida y las palmas cubriéndome la cara mientras respiraba con dificultad, demasiado fuerte. La tensión en mi pecho era opresiva, aguda, sofocante. Cada vez que parpadeaba, solo veía el rostro de Vivian cuando me miró antes: confundida, decepcionada, dolida... pero aún intentando creerme.
No merecía su fe.
No con la verdad como una pistola cargada en mi bolsillo.
Mi padre —Pa— estaba de pie junto a la ventana frente a mí, con las manos entrelazadas a la espalda, mirando fijamente como un hombre observando un campo de batalla. Tal vez para él, esto era un campo de batalla. Y yo era el soldado que fracasaba en su misión.
"Grayson", dijo con calma, sin girarse, "estás perdiendo la concentración. Esa mujer... Vivian... te está alejando de la verdadera amenaza a la que nos enfrentamos". Levanté la cabeza lentamente. "Es