CAPÍTULO 136
EL PLAN B
La oficina estaba demasiado silenciosa para el caos que se cernía sobre mi cabeza.
Me senté tras mi escritorio, con los codos apoyados en la madera pulida y las palmas cubriéndome la cara mientras respiraba con dificultad, demasiado fuerte. La tensión en mi pecho era opresiva, aguda, sofocante. Cada vez que parpadeaba, solo veía el rostro de Vivian cuando me miró antes: confundida, decepcionada, dolida... pero aún intentando creerme.
No merecía su fe.
No con la verdad com