Capítulo 55
El peso de la verdad
El camino al consultorio del médico transcurrió en silencio, salvo por el crujido de los zapatos de Dominic sobre el linóleo y los pasos medidos de Grayson detrás de él. Cada paso parecía más largo que el anterior, como si el hospital mismo intentara prolongar el momento, conteniendo un poco más el dolor de lo que estaba por venir.
Las luces fluorescentes del techo zumbaban silenciosamente, con una intensidad implacable, proyectando largas sombras en el suelo del pasillo. El olor a antiséptico impregnaba el aire: estéril, sofocante, despiadado.
El corazón de Dominic latía con fuerza en su pecho, cada latido áspero e irregular. Tenía los puños tan apretados que las uñas se le clavaban en las manos. Grayson permanecía a su lado, con la cabeza gacha, los labios apretados, todo el cuerpo tenso, listo para recibir un golpe.
Al entrar en el consultorio, el hombre se hizo a un lado, con el rostro adusto. «Por favor, siéntense».
Ninguno de los dos lo hizo. Dom