Capítulo 36
El mundo estaba en silencio.
No era el silencio que sigue a la paz o al sueño, sino uno que se pega a la piel como una segunda piel. Denso. Distante. Ominoso.
No podía moverme. No podía abrir los ojos. Pero seguía aquí, en algún lugar entre el sueño y la muerte. Atrapado en un cuerpo que no me obedecía. Atrapado en un mundo donde podía oírlo todo, pero no decir ni una palabra.
Y entonces... voces.
Rompieron el silencio como cristales rotos.
«¡Te advertí que te alejaras de ella!», la voz de Dominic desgarró el silencio. «¡Perdiste ese derecho hace mucho, mucho tiempo!».
Una lucha, un choque... un puño contra la pared, tal vez.
«¡No me hables así!», rugió Grayson. «¡Es mi esposa!».
«¡Era tu esposa!», gruñó Dominic. —¡Te lo dio todo y la destruiste! ¡No tienes derecho a ser su marido ahora que está postrada en una cama de hospital!
Sus palabras atravesaron la niebla como cuchillas. Intenté forcejear, intenté gritar. Mis dedos no se movían. Mis labios no se abrían. Pero mi cor