Capítulo 35
Fisuras en el retrovisor
Las farolas proyectaban largas sombras sobre el pavimento empapado por la lluvia mientras conducía por la sinuosa carretera de vuelta a casa. Los limpiaparabrisas marcaban un ritmo lento, limpiando las gotas que difuminaban el mundo exterior, igual que los pensamientos que nublaban mi mente.
El trabajo me había agotado. Una serie de reuniones consecutivas, dos presentaciones a contrarreloj y mi bandeja de entrada repleta de asuntos pendientes me habían dejado exhausto. Pero lo que me agotaba aún más era la carga emocional que llevaba a cuestas, como un peso que me asfixiaba el pecho.
Grayson.
Su rostro aún permanecía en mi mente: atormentado, esperanzado, destrozado.
Incluso después de todo eso, después de todas las mentiras, las traiciones, el dolor, ¿por qué me dolía el corazón al verlo llorar?
Esa tarde se había plantado frente a mí con las manos temblorosas, un regalo de cumpleaños en la mano y una disculpa en los ojos. Nunca se le dio bien exp