El cambio físico de Lydia la golpeó antes que cualquier otra cosa.
Emma tardó apenas un segundo en reconocerla, pero ese segundo bastó para entender que la mujer sentada al otro lado de la mesa ya no era la misma que se había esforzado tanto en llevar el cabello impecable, el maquillaje perfecto y esa imagen pulida con la que durante años intentó sostener una apariencia de control.
En tan poco tiempo, Lydia parecía haberse desdibujado de una f