Lo hecho, hecho está.
Al aterrizar en Nueva York, Emma intentó seguir de largo por su cuenta, con la intención clarísima de tomar su maleta y salir del aeropuerto sin añadirle una sola palabra más a aquel viaje que ya bastante incómodo era de por sí.
Sin embargo, Damián se le adelantó con esa rapidez irritante que parecía reservar exclusivamente para cuando ella quería marcar distancia. Tomó la pequeña maleta antes de que Emma pudiera siquiera rozarla, y ella se limitó a mirarlo con el rost