Damián Blackwood no lograba convencerse de que Emma hablara en serio.
La idea de una separación definitiva no terminaba de asentarse en su cabeza, quizá porque durante años había asumido que ella siempre estaría allí.
Emma nunca había tenido a dónde ir, o al menos eso era lo que él creía.
Ella no tenía familia, nunca mencionó un apellido que pesara, ni un lugar al que pudiera regresar si las cosas salían mal.
Para Damián, Emma era una mujer sola, autosuficiente, sí, pero sola al fin y al cabo.