Ya quiero llegar a casa.
Emma había pasado el mejor fin de semana junto a Damián.
Dos días en los que, por primera vez en mucho tiempo, lograron olvidarse de las responsabilidades que últimamente los tenían hasta el cuello. Dos días en los que solo existieron ellos, el mar, el sonido del agua golpeando suavemente el crucero y esa sensación extraña, casi nueva, de poder respirar sin estar esperando el siguiente golpe.
Habían descansado, se habían reído, se habían amado