Un plan.
Al aterrizar en París, Emma no le dio margen a nadie.
Apenas el jet terminó de detenerse, tomó a Emmanuel, le hizo una seña seca a Mateo y, junto con Marta, bajó casi a toda prisa para subir al Rolls-Royce que los esperaba en la pista privada. Ni siquiera se molestó en mirar si Peter, Margaret, y el resto ya estaban descendiendo del avión.
No quería cruzarse con nadie.
Y mucho menos con Damián.