Sigues siendo la mujer más hermosa que mis ojos han visto.
Después de saludar a Peter y Margaret, que se veían cansados pero satisfechos tras el viaje, Emma subió directamente a su habitación para arreglarse para la rueda de prensa que encabezaría esa noche.
No tenía ganas de llamar estilistas ni de convertir aquello en una producción innecesaria. Tampoco tenía tiempo.
Peter había dejado cada minuto del día calculado con precisión y ella apenas disponía del margen suficiente para ducharse, vestirse