Un apellido no compra educación.
La copa quedó vacía en la mano de Emma antes de que ella terminara de decidir si quería conservar la calma o estrellarla contra la sonrisa venenosa de las dos mujeres que acababan de aparecer frente a ella.
Se bebió lo que quedaba de vino de un solo trago, más por necesidad que por gusto, intentando borrar el mal sabor que le dejaba volver a ver a Victoria y Bianca Blackwood en una noche que, hasta hacía apenas unos segundos, parecía empeñada en darle una tregua.