Después de un largo silencio, Emma asintió muy despacio.
Damián sonrió con una satisfacción contenida, de esas que no necesitaban exagerarse para notarse, y se levantó de la cama para acercar hasta ellos la bandeja del desayuno que Inés había dejado en algún momento sin que ella se diera cuenta.
Emma la observó de reojo mientras la acomodaba frente a ella y no pudo evitar pensar, con una mezcla absurda de cautela y vergüenza, que solo espera