Qué sorpresa volver a verla.
La segunda botella aterrizó en la mesa como una forma de decir que esa noche no se la iba a robar nadie, ni siquiera un apellido.
El vino que escogieron era de esas botellas que se acaban sin que el cuerpo lo sienta de inmediato. El vino era dulce, fino, traicionero, y Sienna ya estaba pidiendo otra cuando Emma todavía no terminaba su segunda copa.
—Mira nada más —bromeó Emma, girando la copa antes de beber—. La misma que juró que el alcohol e