Qué buen ambiente laboral.
Los nervios se apoderaron de Emma y por primera vez en mucho tiempo, hizo lo primero que se le pasó por la cabeza.
Se quitó las sandalias de tacón alto y corrió como si su vida dependiera de ello.
O, mejor dicho, como si su dignidad dependiera de ello, que en ese momento era casi lo mismo.
Regresó por el mismo pasillo por el que había llegado, intentando no hacer demasiado ruido mientras sostenía los tacones en una