Quiero lo mejor para los dos.
De camino a la mansión Hartley, Emma no pudo seguir tragándose todo lo que había ocurrido en un día que se le estaba haciendo eterno, pesado, casi irreal.
Apenas el auto dejó atrás el edificio, empezó a contarle a Damián, sin omitir nada, la llamada del abogado Ruiz, la reunión que alcanzó a organizar con sus abogados para revisar las pruebas y, por supuesto, la desaparición repentina del hombre justo cuando parecía que por fin estaban a punto de romperle el cuello a