No estoy celosa.
Damián se agachó sin decir una palabra, recogió el bolso de Emma y el tacón que había quedado tirado en medio del desastre, luego buscó su mano con firmeza, dispuesto a sacarla de allí antes de que todo terminara de pudrirse.
Emma dejó que entrelazara sus dedos con los suyos, pero le apretó la mano justo cuando él iba a echar a andar.
Todavía no.
No podía irse sin escuchar lo que