Por las buenas o por las malas.
El abogado Ruiz seguía frente a la puerta, alterado, midiendo con la mirada la distancia entre él, Mateo y la posibilidad de escapar.
Emma, en cambio, comenzaba a sentir los nervios que hacía unos minutos le oprimían el pecho se estaban transformando en determinación.
—¿Secuestro? Usted vino aquí por su propia voluntad, abogado. Nadie lo arrastró, nadie lo amenazó para entrar y, por si le sirve el dato, hay cámaras de seguridad en la entrada