Las ratas intentaban escapar.
El grito de sorpresa no se hizo esperar.
Fue un sonido colectivo, como si toda la sala hubiera inhalado al mismo tiempo y luego no supiera qué hacer con el aire.
En primera fila, Victoria Blackwood se llevó una mano al pecho como si le faltara oxígeno. A su lado, Bianca se quedó mirando a Emma como si acabara de ver caer un edificio, con los ojos abiertos de más, la mandíbula endurecida, la incredulidad pegada al rostro como una máscara bara